TRAS LOS PASOS DEL LIBERTADOR – El cruce de los Andes

“Que el hombre sepa, que el hombre puede…” – Capitán Alfredo Barragán.

Me cuesta mucho describirlo con palabras. No hallo adjetivación suficiente.

Sentado frente al teclado vienen a mi cabeza imágenes de la magnificencia de la Naturaleza expresada en la Cordillera de los Andes y una y otra vez quedo perplejo, sin poder definir la mejor manera de empezar.

No pretendo escribir un relato florido a modo de diario de viaje, sí, de manera impetuosa y demandante para mí, deseo exteriorizar y plasmar sensaciones, comuniones y aprendizajes. Todo un desafío literario.

AL PIE DE LOS ANDES

Con altas pretensiones de reavivar mi pasado de Granadero, llegué a Mendoza con el gran objetivo de cruzar la Cordillera de los Andes a caballo. Menuda proeza, ni más ni menos que una moderna y respetuosa emulación de aquella que fuera llevada a cabo por el General San Martín hace uno poco más de doscientos años.

Para ello, aprovechando la estropada emocional de mi reciente visita al Campo de la Gloria en San Lorenzo, me contacté con la gente de Destino Montaña, empresa que organiza y desarrolla este tipo de aventuras.

Fue todo fácil y claro, simplemente, había que prepararse mentalmente y entrenar muy bien con el propósito de llegar a punto a la fecha pactada para “el cruce”.

UN POCO DE HISTORIA, SÓLO UN POCO.

En incipiente campaña libertadora, el General San Martín pergeñó una hazaña de gran magnitud: realizar la gesta emancipadora para independizar a Chile y Perú… cruzando los Andes!

Seis pasos formaron parte de la estrategia que comprendía la factibilidad de luchas francas, tretas y engaños.

De norte a sur, la Cordillera le ofreció una media docena de pasajes por los que podría, con un gran sacrificio de por medio, llegar a tierras trasandinas, a saber: Comecaballos (La Rioja), Guanas y Los Patos (San Juan), y Uspallata, Portillo y El Planchón (Mendoza).

Aquel 17 de enero de 1817, el Libertador, con unos cinco mil hombres, decidió cambiar el curso de la historia. La liberación de medio continente era su quimera a alcanzar.

Cuando el General San Martín contempló la grandeza de los Andes dijo: “lo que no me deja dormir no es la oposición que pueda hacerme el enemigo, sino el atravesar estos inmensos montes

……………………………..

Destino Montaña tiene su derrotero a Chile a través del paso Portillo de Piuquenes, un fragoso recorrido de unos 70 kilómetros entre laderas, peñascos, pendientes, ríos, glaciares, y los erguidos Andes que recuerdan a cada paso el enorme desafío que estábamos por asumir.

A POR ELLOS!

El sábado 9 de marzo amaneció radiante, como una merecida introducción artística para tanto anhelo.

La gente de la organización del viaje trabaja con precisión cronométrica. A la hora pactada (ni un minuto antes, ni uno después), pasaron a buscarme por el hotel. Subí a la combi y vi por primera vez las caras de quienes iban a ser mis compañeros de aventura durante una semana. Me sentí aliviado, en sus rostros, bromas y relatos, percibí el mismo nivel de ansiedad con el que yo cargaba desde hacía varios días.

Después de un recorrido de aproximadamente una hora, llegamos al primer punto en el que terminamos de presentarnos, el refugio Portinari, en Tunuyán, emplazado a 3200 metros de altura. El cielo diáfano había quedado atrás, a media mañana toda la zona estaba envuelta en una densa nube.

Allí realizamos los trámites de migración y almorzamos una frugal y completa picada con quesos, fiambres, frutas frescas y otros ricos alimentos.

Luego de las instrucciones de rigor, se dividieron los equipos, una mitad (aproximadamente) de caminantes, que harían el cruce casi exclusivamente a pie, y el resto, entre los que yo me encontraba, una decena de cabalgantes, quienes hicimos la gran mayoría de nuestro viaje a caballo.

Vanina capitaneó al grupo de guías, cinco jóvenes varones y mujeres que a lo largo de nuestra estadía en la Cordillera demostraron profesionalismo, ductilidad y amor por su trabajo, sin fisuras.

Nos presentaron a nuestros caballos y casi sin darnos cuenta emprendimos el abandono de la civilización. Durante una semana habría muy poco de lo que nos emparenta con la comodidad cotidiana. Nada de cama con colchón, baño o ducha y menos que menos, señal de celular.

PRIMER OBJETIVO LOGRADO

Luego de unas tres horas de cabalgata en las que los paisajes iban comenzando a llenar el alma de cada uno de los integrantes de la travesía, llegamos al refugio Scaravelli, un albergue de piedra erigido a la vera de un arroyo de aguas cristalinas que fue el primer abrevadero del vital líquido elemento.

Allí se distribuyeron las carpas en un salpicado y colorido campamento de montaña. Sin eufemismos, estábamos a punto de pasar nuestra primera noche en los Andes centrales, en plena Cordillera.

Amanecimos habiendo descansado muy poco, nuestros aislantes y bolsas de dormir no fueron suficientes para suavizar el piso de piedra. Desayunamos, y nos anoticiaron de que disfrutaríamos de un “día de descanso”.

Los caballos y mulas sí descansaron, nosotros no. Tanto caminantes como cabalgantes hicimos un trekking de unos 8 kilómetros con un importante ascenso. El objetivo era ir adaptándonos de a poco para neutralizar el “mal de altura” que ya le estaba pasando factura a unos cuantos.

Se conoce como “mal de altura” o “mal de la montaña” a un malestar físico ocasionado por la dificultad para adaptarse a la baja presión del oxígeno en sitios de gran altitud. Los síntomas suelen aparecer horas después de llegar a un lugar emplazado a una altura considerable sobre el nivel del mar. Puede manifestarse con dolores de cabeza, náuseas, incomodidad para respirar y con algunos inconvenientes al hacer actividad física. Pero insisto en la experiencia de los guías. Todos ellos excelentes profesionales quienes, por medio de actividades, pausas e indicaciones sobre la importancia de la hidratación, lograron que nos adaptemos sin problemas. La mayoría de los casos de mal de altura son moderados y la aclimatación se logra sin mayores impedimentos.

Al regreso de la caminata, descansamos un rato y preparamos los petates y mochilas para la jornada muy exigente que estaba en puerta. Se percibía en la atmósfera expedicionaria una gran motivación, dado que, de pasar ese reto exitosamente ya habríamos no sólo transitado la mitad del viaje, sino también, habríamos logrado trasponer el trayecto más intenso.

El día siguiente nos planteaba un gran desafío, una cabalgata de alrededor de nueve horas hacia El Portillo, alcanzando una altura de alrededor de 4.350 m. y para ello, deberíamos estar bien preparados.

YERGUE EL ANDE – DEL PORTILLO A «LA OLLA»

El completísimo desayuno, por cierto muy nutritivo, nos dio la señal de como vendría la jornada. Íbamos a alcanzar la altura máxima de nuestra expedición para luego sortear una pendiente muy empinada que nos conduciría hasta el campamento «La Olla» ubicado a 3.300 metros de altura. Pero previamente un objetivo era el destino a alcanzar: El Portillo, a 4350 metros sobre el nivel del mar, el punto más alto de nuestra expedición.

No voy a mentir, al ver la pronunciada pendiente de El Portillo me encomendé a Dios, y a mi caballo. El arriero guía nos indicó no mirar hacia abajo y confiar en la destreza de cada equino, por lo que susurré en la oreja de “Cachetón” un aliviador “confío en vos, campeón del mundo”.

Tomé las riendas ni muy holgadamente, ni muy ajustadas y clavé la vista en sus orejas (claro indicador del ánimo de los caballos). Después de un buen rato de cabalgata al paso en un tobogán pétreo e interminable bordeando (literalmente) un precipicio, llegamos a un terreno más tranquilo.

Ya en “La Olla”, tomamos un muy merecido descanso, había sido la jornada más exigente y era prioridad reunir fuerzas para los últimos dos días de travesía. El reparo fue suficiente, y por primera vez tuve la sensación de que el objetivo se iba acercando de a poco.

LOS PAISAJES

La Cordillera se revela de manera magnífica y admirable en cada una de sus facetas. No hay fotografía que pueda transmitir con fidelidad su belleza y su esplendor.

LOS CABALLOS

Casi todos tienen nombre propio. “Cachetón”, “Ricardo”, “Bayo”, “Zaino” y “Gallina” son los que recuerdo. Pero no tiene importancia. Lo que sí la tiene es cómo dominan su trabajo, sacrificado y técnico, recorriendo erguidos terrenos desafiando a la misma Física.

Las mulas, tercas, agresivas y a la vez abnegadas, también deben destacarse. No pensemos sólo en nuestro lúdico y emocional objetivo de realizar el Cruce de los Andes, entendamos la fundamental importancia del rol que desempeñaron estos nobles equinos en la campaña libertadora. Sin ellos, habría sido muy difícil lograrlo.

UNA FIESTA PARA LOS SENTIDOS

Bien temprano iniciamos la cuarta jornada. Al aliciente de ir logrando el objetivo, se sumó un espectáculo visual único, de esos que proponen empezar a ver la vida desde otra perspectiva. En pleno vientre de la Cordillera, camino hacia el refugio Contreras, debimos cruzar el río Tunuyán inmersos en un paisaje sorprendente, con glaciares, cerros de hasta 6000 m. y con la ladera sur del volcán Tupungato exhibiéndose majestuosa.

En varias ocasiones pensé en el gran esfuerzo del General San Martín y de sus bravos Granaderos. Con cada pensamiento se me erizaba la piel, y nuevamente, como me ocurrió en San Lorenzo, parecía estar escuchando el glorioso sonido del clarín de arenga del Ejército Libertador.

La emoción de estar transitando los pasos del Gran Capitán y sus valientes me insuflaba a modo de combustible una necesaria dosis de fuerza muy requerida tanto por mi cuerpo como por mi espíritu, cada uno con sus dolores y tristezas.

El río, aunque con poco caudal, corría vertiginosamente, agregando más sensaciones de aventura a nuestro viaje.

Arribamos al refugio y aprovechamos para ir preparando el equipamiento para los últimos pasos, mientras tanto, para sorpresa de todos, los arrieros hicieron gala de sus habilidades camperas con un asado de antología. Energía y celebración para el próximo tramo.

Llegó la noche y el escenario era sublime, esplendoroso, jamás vi un cielo como el del “techo” de la Cordillera, un planetario natural, oscuro e iluminado a la vez por infinitas constelaciones. Cada estrella parecía dejar un mensaje, una reflexión, y les aseguro que todo el viaje lo hizo, mi vida no es la misma luego de esta experiencia.

Estábamos logrando aquello que habíamos soñado. Lo imposible parecía ir concretándose de a poco, con gran esfuerzo y sacrificio.

Amanecimos ansiosos por lo que se estaba acercando. Desde el refugio «Contreras» cabalgamos unas cinco horas hacia nuestra última parada, el refugio “Gauchito Gil”, un alto en el camino ubicado en la orilla de un arroyo que discurre junto a una pared de piedra. Fue muy necesario para reponernos y obtener la energía y motivación para el último reto.

Nuevamente los arrieros se lucieron, esta vez con un guiso impresionante, creo que fue el más rico que comí en mi vida. Hicimos una emotiva sobremesa con arengas y cavilaciones acerca de lo vivido hasta el momento y sobre lo que vendría en lo inmediato. No faltaron las lágrimas de emoción.

EL ÚLTIMO PASO

Al día siguiente, siendo aún de noche, desayunamos y nos organizamos para la etapa final. Se trataba ni más ni menos de comenzar el recorrido a oscuras, confiando nuevamente en nuestros guías y caballos. Así trepamos empinados caminos a la luz de las estrellas. El lucero del alba parecía recordarnos con su brillo la trascendencia de lo que estábamos a punto de concretar.

Con las primeras luces, la enhiesta silueta de la gran Cordillera dejaba ver muy a lo lejos el lugar al que debíamos llegar: una cresta filosa en la que se encuentra el Hito, límite formal entre nuestro país y Chile, que está indicado con una estructura de metal que subraya la divisoria entre ambos Estados.

A nuestras espaldas, de manera timorata el sol comenzó a aparecer sobre los Andes. Carlos, propuso recibirlo cantando la marcha de San Lorenzo. Así fue que entre lágrimas de emoción entonamos las estrofas de la épica canción Patria que describe el primer paso hacia nuestra Independencia. Parecía que el universo andino estaba conspirando… con la última estrofa pudimos visualizar el Hito.

A modo de arenga, Vanina nos recordó el sacrificio y el esfuerzo realizados, nos invitó a pensar en nuestras familias y en aquellos que ya no están. El gran objetivo estaba al alcance de nuestras manos.

Caminantes y cabalgantes nos fundimos en prolongados abrazos, entre lágrimas y gritos de algarabía. Cientos de fotos retrataron el momento, pero ninguna de ellas tendrá jamás la intensidad de «esa fotografía” que desde nuestras retinas se fijó en el alma de cada uno de nosotros.

TODAVÍA NO

Con imprescindible tono marcial Vanina nos señaló que aún no habíamos completado la tarea. Restaba un tramo a pie muy dificultoso: el descenso en tierras chilenas.

Se trataba de una escarpada pendiente… casi permanente! Sin llanos ni descansos, en un terreno yermo y rocoso que proponía declives y posibles resbalones.

La peripecia duró unas cuatro horas. La espada de Damocles era el río del Yeso, que en esta época del año, al transcurrir la mañana y con el aumento de la temperatura, incrementa sensiblemente su caudal. Y debíamos cruzarlo vadeando.

Luego de una travesía difícil y bastante arriesgada de alrededor de 1.100 m. de desnivel negativo, logramos llegar. Afortunadamente el río aún estaba dócil, aunque con una prepotente correntada que bien se hizo sentir ejerciendo una llamativa fuerza en nuestras agotadas piernas.

AHORA SÍ

Cruzando el río sólo restaba llegar a una ruta donde con precisión suiza nos esperaban dos vehículos para devolvernos a la civilización.

La gran sorpresa llegó cuando nos detuvimos en un parador que nos recibió con bebidas heladas, cervezas famosas y exquisitos vinos y champagnes chilenos que regaron generosamente una picada de proporciones que incluyó fiambres, quesos, y frutos (secos y frescos) de la región. Una delicia.

CRUZAR LA CORDILLERA

Nada es igual luego de esta experiencia.

La emoción de haber caminado los pasos del General San Martín, el sentirme dentro de un marco natural inigualable, el hecho de poder mensurar lo pequeños que somos ante tamaña inmensidad, cambian la forma de ver la vida.

Y no puedo de manera alguna, soslayar mi humana debilidad vinculada al implacable ego, porque una vez realizada la hazaña, a diario me recuerda que crucé los Andes.

AGRADECIMIENTOS

TECH TACKLE – Por acompañar de manera incondicional todos mis proyectos.

PAYO ARGENTINA – Por estar siempre y en esta ocasión, por proveerme la indumentaria y accesorios para esta formidable aventura.

FUNDACIÓN EDUCAR – COLEGIO DEL LIBERTADOR – A Leandro y Valeria, por haber sponsoreado con tanto amor este maravilloso episodio de mi vida.

A mi amigo PABLO JAVIER LLAVER – CABAÑA LOS CEDROS, por permitirme «entrenar» con sus caballos.

EQUIPO DE DESTINO MONTAÑA – A Joaquín y Vanina, a los guías y arrieros, enormes profesionales todos. PARA RECOMENDAR!

Y muy especialmente a mis compañeros y compañeras de montaña, por la calidez, la amistad, y solidaridad, expresadas a diario en esta gesta conjunta. Y también gracias por las fotos aportadas para esta nota.

30 comentarios en “TRAS LOS PASOS DEL LIBERTADOR – El cruce de los Andes”

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    Fernando Marvulli

    Gracias, por hacernos vivir un poco de tu gran aventura, nos hiciste emocionar con tu inmenso relato y las bellas fotografías.

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    Felicitaciones Victor !!
    Muy buen relato…. pero sobre todo has sido un excelente compañero de viaje y motivador para todo el grupo.
    Abrazo grande !!

    1. Victor De Victor

      Gracias por tus palabras José querido! Fue todo en equipo, todos nos retroalimentamos para disfrutar y lograr el objetivo. Un grupo hermoso!!!
      Un fuerte abrazo y nos vemos pronto!!

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    Mauro Ariel Notararigo

    Orgullo, felicidad, admiración. Algunos de los sentimientos que tengo al saber que de alguna manera formamos parte de esa Gran Aventura!!.
    Felicitaciones querido Víctor.

    1. Victor De Victor

      Gracias Mauro, y a toda la gente de Payo. No todo es pesca, nuestra vida es aventura. Y claro que formaron parte… importante!
      Un abrazo y siempre agradecido!

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    Fabián Fridblatt

    Excelente descripción Victor. Muy agradecido a la vida por haberme dado esta dicha del cruce de los Andes, además con grandes compañeros. Un placer haberte conocido y compartir con vos está increíble experiencia.

    1. Victor De Victor

      Igualmente Fabián! Fue un gusto conocerte y haber podido compartir semejante experiencia. Un fuerte abrazo y gracias por tu comentario!!!

    1. Victor De Victor

      Hola Mariano!!! La verdad, es una gran alegría leerlos, leer a mis compañeros de los Andes! Para mí también ha sido un gusto conocerte y claro que cuando vaya para Punta Alta te contacto!!!
      Un fuerte abrazo!!!

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    Víctor te felicito por haber realizado este camino que el Libertador recorrió para liberar dos pueblos. Tu relato me emocionó por los tramos naturales de la Cordillera, y por vos, por vivirlo a pleno. Misión cumplida, fuerte abrazo.

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    Sentimientos encontrados… orgullo, emoción, garra y siempre seguís para adelante querido Víctor. Fue fuerte leerte y sentir lo que contaste, se que te acompañó el cielo bendecido por Dios y por tu ángel que te guía❤️

    1. Victor De Victor

      Gracias Carmelo! Hice tácita referencia, hubo señales, sueños y mensajes. Es un viaje con un fuerte acento espiritual. Un abrazo y gracias por tu comentario!

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    A continuación, trataré de glosar una exigua y pudibunda exégesis de lo leído en este folio venturoso.

    El texto se erige como una epopeya apasionada y minuciosa, una crónica magistral que relata una travesía épica a través de la majestuosa Cordillera de los Andes, siguiendo los legendarios pasos del General San Martín. Víctor, con maestría, entrelaza la narrativa histórica con una descripción tan vívida que sumerge al lector en los desafíos vertiginosos y las emociones arrebatadoras del viaje.

    La estructura del relato no es solo un mero esquema, sino el palpitar mismo de la aventura, desde la puntillosa preparación inicial hasta la gloriosa conquista final, pasando por momentos de pausa, reflexión y el heroico vencer de obstáculos. Detalles meticulosos como los nombres y temperamentos de los caballos, las comidas compartidas y las conversaciones entre compañeros de viaje, confieren una profundidad y humanidad cautivadoras a la narrativa.

    El estilo, impregnado de emoción y descripciones evocativas, emana un tono íntimo y reflexivo que envuelve al lector. El autor, hábil en su oficio, recurre a recursos literarios como metáforas que elevan las cumbres andinas y referencias culturales que resuenan con la grandiosidad de la marcha de San Lorenzo, enriqueciendo así la narrativa y transmitiendo la magnificencia y la trascendencia de la experiencia.

    Este relato no es solo una crónica, sino una celebración vibrante de la naturaleza, la historia y el triunfo personal, una invitación abierta para que el lector se sumerja en la emoción y la satisfacción del autor al haber cruzado victorioso la imponente Cordillera de los Andes.

    Atentamente: Josecito.

    1. Victor De Victor

      Querido José Arístides! En primer lugar, disfruto el volver a leerte después de tanto tiempo.
      Pudiste interpretar cada palabra y precisar su valor en una devolución reflejada en un comentario a tu altura, como nos tenías acostumbrados.
      Es para mí, un lujo recibir esta síntesis y lo festejo con un abrazo y un agradecimiento -ambos enormes, por cierto- por tu participación.

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    Vibrante relato de una travesía épica. Te vuelvo a felicitar por tu coraje y por (de alguna manera) transportarnos con tanta precisión a esa hermosa expedición que no es simplemente un paseo, sino una recreación de la historia misma. No faltó ni sobró una coma. Y lo de la marcha de San Lorenzo… emoción sin límites… Impecable!!!

    1. Victor De Victor

      Hola Claudia!! Muchas gracias por tus palabras. Fue como vos lo mencionás, una hermosa expedición con una gran cantidad de aditamentos que han enriquecido la vida de quienes la hicimos.
      Un beso, y gracias por comentar!!!

  9. Avatar

    Es imposible no emocionarse con tus palabras Víctor. Cuando leo estos posteos vuelvo a caer en la realidad de que cada persona viene por una historia distinta. Qué placer el mío de mostrarles, de guiarlos a los sueños personales!
    Fue un honor tenerte en este grupo. Gracias por animarte a hacerlo, pero sobre todo gracias por contarnos así la historia de estos días, la cual uno sabe, pero tus detalles y precisiones hicieron que este Cruce nos sumara en sensaciones. Siempre nos quedaremos presentes en esa semana que compartimos! Y ojalá la vida nos reencuentre. Saludos desde Mendoza.

    1. Victor De Victor

      Muchas gracias por tus palabras Vani!
      Qué profesionales de la hostia! Todo salió perfectamente, y más. Principalmente por ustedes, tanto en el plano técnico como en el costado humano (por sobre todo).
      Ha sido un placer compartir esa inolvidable semana, y un privilegio haber sido guiado por vos y por tu equipo. Les mando un cálido abrazo y siempre un inmenso agradecimiento!!

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